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INICIO OPINIÓN     Domingo, 21 • Febrero • 2010

No puedo quedarme callado. ¡Llegó la hora de hablar!

Mérida, ultrajada



"Se conocen infinitas clases de necios. La más deplorable es la de los parlanchines...".- Santiago Ramón y Cajal

Del Ramo 33 no les voy a hablar. El gobierno estatal ha clarificado suficientemente en todos los medios que las declaraciones de César Bojórquez fueron absoluta mentira. Pero lo que sí voy a contarles es que nuestro presidente municipal padece gravísima enfermedad: incontinencia verborreica. Habla, aunque no tenga nada que decir. Discursea, aunque no sepa lo que va a manifestar.

No hay oportunidad que se le presente que no uixe (pronúnciese uishe) por la boca sobre otras estructuras de gobierno. Lo malo para él es que habitualmente resulta que lo que declara no es verdad. Ay, nuestro incontinente alcaldito. Anda caminos contrarios a los que desea la población que supuestamente gobierna.

Y es que, César Bojórquez, como la mayor parte de los neopanistas de la actualidad, vive anclado en un pasado que les ha sido imposible de superar. Como mucho les dolió aquel 20 de mayo de 2007, mientras hombres y mujeres con apertura mental no tomen el control del PANucho local, los secuestradores no dejarán de mirar y golpear a sus adversarios tricolores con esa prepotencia, sectarismo y odio que tan caro costó al pueblo de Yucatán el sexenio pasado.

Si bien la incontinencia verborreica del César meridano sobre el Ramo 33 fue eructo de un atolondrado; no estuvo nada mal que don Juan Ricalde Ramírez, ministro de Hacienda estatal, lo exhibiera y pusiera en su lugar porque la acusación fue errada, falsa, despreciable y escasa de altura de miras.
Mal, muy mal se vio Bojórquez, ¡una vez más!, aún cuando sabemos que ya es conocido más por sus errores mediáticos que por el aplauso a su gestión. César personifica mejor que nadie a los neopanistas que hoy viven rumiando el ayer, que no quieren dar por superadas las diferencias, sino que buscan mantenerlas el tiempo que sea posible.

César, todos lo sabemos, ascendió improvisadamente. Por tanto, es un arribista, un individuo que llegó a la alcaldía porque a los secuestradores "no les quedó otra". Pero bastantes predijeron que el puesto quedaríale grande. Patético que en treinta meses no haya podido aprender.

Las bufonadas que acontecen en el Palacio Municipal son mal ejemplo para nuestros jóvenes que nacieron y crecieron en democracia. Ellos no conocieron el despotismo. Los mayores dejamos atrás los excesos del autoritarismo, aunque el NeoPAN amenace ahora con reinstalarlo y trocarlo a totalitarismo. Y no divago como César.
Entérense, infórmense del militarismo rampante de Calderón en el norte y occidente de México. Ver al ejército en las calles como cosa común, es el primer atisbo de a dónde podemos llegar. Es innegable que hubo un ciclo histórico de autoritarismo, pero lo que no puedo aceptar, ni ustedes tampoco, es que los habitantes de esta tierra, por lo ocurrido la centuria pasada, vivamos encadenados indefinidamente a las odiosidades y fobias de neopanistas como César y los secuestradores.

Por eso alzo la voz, por eso condeno disparates de munícipes necios como Bojórquez, porque de no hacerlo proliferarán autoridades que tendrán como práctica cotidiana descalificar al adversario sólo porque milita en otro partido o porque gana la elección; en lugar de gobernar para todos. Si los panistas sensatos (porque los hay) no quieren superar el trauma de mayo de 2007 o deciden seguir sosteniendo diferencias y fobias del pasado, allá ellos.
Que con su PANucho se lo coman. Pero todo aquel meridano y yucateco que ame la democracia, sea perredista, priista, pvemista, petista o cualquier otro ista, y sea capaz de cambiar no sólo sus ideas, sino su persona y su forma de ser, dignificará el quehacer político y ayudará a Yucatán y a Mérida a enfrentar su futuro con visión optimista. Se acercan las elecciones, estimados conciudadanos.

Será hora de rescatar la política, de cambiar caras, de elegir autoridades con vidas limpias y sin antecedentes enlodados. Comparen las trayectorias de Angélica Araujo y Beatriz Zavala. Sencillamente no hay semejanza. Es una rosa roja junto a una espina azul. El 16 de mayo será día de cambiar contenidos y estilos en el Palacio Municipal de Mérida.

Día de elegir una alcaldesa digna que no nos atemorice ni preocupe por su pasado tenebroso, ni nos avergüence con lapsus de incontinencia verborreica como Bojórquez. Infinidad de tragos amargos ha tenido que pasar el H. Cabildo con un individuo que emite comentarios sin saber de qué está hablando.

Que deja salir de su ronco pecho palabrería hueca, sin pasar por el filtro mental. Daña a unos, es hazmerreír de muchos y mete en problemas innecesarios al Ayuntamiento. Bien sabemos que hablar sin fundamento es hablar por hablar. Regurgitar tonterías es no tener otra cosa qué hacer, es perder el tiempo, es rebajar la política a su mínimo nivel. Afortunadamente creo que sus declaraciones se entienden cada día más como falta de oficio político y prudencia.

Hago saber a los representantes de las demás estructuras de gobierno, que las incontinencias verborreicas del señor presidente municipal no representan la opinión oficial del H. Cabildo. De hecho, los regidores estamos cansados que ese politiquete de cuartilla hable por hablar, tire piedras, luego se esconda y, finalmente, termine la pantomima chechoneando que la señora Gobernadora no le recibe. Un Cesar que cada día representa menos al Cabildo que fortuita y vergonzosamente preside.- C.A.S.B.- Mérida, Yucatán, 19 febrero de 2010 [email protected]

*Regidor NO panista del Ayuntamiento meridano

Acerca del autor:

Carlos Sarabia Barrera*

*Ex Regidor NO panista del pasado Ayuntamiento

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