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INICIO OPINIÓN     Viernes, 26 • Febrero • 2010

Vigía Quintanarroense

La alianza PRD-PAN: apuesta arriesgada


 

o Oaxaca, Puebla, Hidalgo, Durango, en la orbita aliancista
o El objetivo principal es derrotar al Revolucionario Institucional


La coyuntura política actual ha permitido lo increíble: que dos partidos, antagonistas y enemigos a muerte, como lo son el Partido Acción Nacional (PAN) y el de la Revolución Democrática (PRD) se alíen y contiendan juntos en varias elecciones estatales para el mes de julio próximo. Apuestan, en lo más álgido de la ingenuidad política que, juntos, unidos "jamás serán vencidos" y podrán derrotar al PRI, su objetivo principal.  Apuesta, sin duda, arriesgada por las implicaciones políticas que lleva consigo y el reordenamiento de fuerzas que se darán con esta decisión cupular.

El problema estaría en la fallida percepción de las cúpulas del blanquiazul y del sol azteca. Los aliancistas piensan que los ciudadanos creen a fe ciega en las bondades de esas coaliciones para derrotar al PRI. No cuentan con ningún asomo de autocrítica, a pesar de que el desempeño de algunos gobiernos panistas o perredistas francamente ha sido pésimo, por no decir terrible. Han sido peores que muchas administraciones priístas. Verbigracia: Juan Sabines en Chiapas o Felipe Calderón en la Presidencia. No cumplen lo que prometen en campaña: Hacen precisamente lo contrario y ni siquiera se molestan en "dorarle" la píldora a sus gobernados.

César Nava y Jesús Ortega, los líderes del PAN y PRD, respectivamente, se juegan su futuro político en estas alianzas que, de fructificar, echarán las campanas al vuelo, y en caso de que no, se convertirán en su sepultura electoral. Ambos líderes han optado por un pragmatismo aberrante que no les es propio, ya que también el Verde Ecologista de México, el Partido del Trabajo y Convergencia, lo han aplicado a lo largo de muchos años para beneficio electoral particular. El PRI ha hecho lo mismo cuando así ha convenido a sus intereses.

Obviamente el pueblo tiene memoria y lo primero que se pregunta es: ¿Por qué el PRD, que no reconoce hasta ahora al presidente Felipe Calderón -emanado del PAN- y lo golpea mediáticamente cada vez que puede, se alía con su más odiado rival político? ¿Por qué el PRD se alía con el panismo si éste ataca constantemente y le pone obstáculos en todo al gobernador perredista del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubon? ¿Por qué el PAN y el PRD se unen si siempre discuten por todo en las cámaras de Diputados y Senadores y, claro, siempre votan antagónicamente las iniciativas que ahí se ventilan? Es como mezclar el aceite con el agua, dicen: pueden coexistir, pero no unirse.

¿Cómo puede pedir el voto, un partido que se dice "humanista" cuando el presidente Calderón, emanado del blanquiazul, despidió sin miramientos a más de 45 mil trabajadores dejándoles sin empleo o ha sumergido al país en la peor crisis económica de que se tenga memoria? Dudamos que los ciudadanos no se acuerden de lo raquíticos que están sus bolsillos a la hora de sufragar. Es como solicitar un préstamo, habiendo dejado antes mal al acreedor no cumpliendo con el pago de un adeudo. César Nava no parece tener inteligencia en ese aspecto, pero lo que nadie duda en el mundo político nacional es que las alianzas han contado con el visto bueno de su jefe, el mandatario Calderón Hinojosa.

En ese tenor, Jesús Ortega, líder del PRD, ha decidido claudicar los ideales de izquierda en aras de un pragmatismo que se antoja increíble. No parece importarle que el PAN haya perseguido y acosado permanentemente a los sol-aztequistas y los exhiba dramáticamente ante la nación, como aconteció en el caso Ahumada. La política de hacer públicos los trapos sucios es más que evidente. Ambos líderes no son ingenuos y saben que esas alianzas no durarán más que el tiempo estrictamente electoral. Luego de esa tregua forzada, se reanudará la batalla política e ideológica. Apuestan a que el ciudadano no se da cuenta.

Pero no todo es negativo, hay que admitir que ambos partidos han contribuido a ensanchar la libertad de expresión en México y abierto canales de pluralidad que han redundado en el fortalecimiento de la incipiente vida democrática nacional. Quiérase o no, las alianzas, bien vistas o mal vistas, son parte de la estrategia que tienen los partidos para conquistar el poder. Es evidente que PRD y PAN no tuvieron, para nada, buenos resultados en las pasadas elecciones y como partidos perdedores optaron por juntarse a ver qué salvan en este año de comicios en varios estados.

Por lo pronto, PAN y PRD apuestan a ganarle al favorito en las encuestas para llevarse "carro completo", el PRI, si suman esfuerzos electorales. Por lo pronto Puebla, Oaxaca, Hidalgo, Durango y, tal vez, Sinaloa, contarán con alianzas del perredismo y panismo para destronar al tricolor de su gran momentum como primera fuerza política del país. Si triunfan, habrán conseguido buen puntaje, si no lo hace, podrán irse despidiendo Nava y Ortega de sus puestos. Si es el último caso, la Presidencia estará cada día más cerca del PRI.

 

 

 

 


 

 


Acerca del autor:

Raymundo Rosado Anguiano

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